¿Para qué sirve el internet de las cosas?

La cafetera automatizada ha sido bautizada como Nespresso Prodigio.La aplicación avisa al usuario de cuándo necesita más cápsulas, agua o una descalcificación.

El sistema funciona por Bluetooth con una app que no solo posibilita programar cuándo se hace el café, sino que también informa sobre cuándo necesita más agua, más cápsulas o descalcificación.

¿Lo necesitamos, o esto se nos va de las manos?

 

 

 

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La visión de Stephen Hawking

Hace unos días, uno de los físicos más importantes, o por lo menos uno de los más mediáticos, hacía unas declaraciones sorprendentes: mientras presentaba el nuevo software que le permitirá comunicarse más rápido, alertaba del peligro de la inteligencia artificial avanzada. No deja de ser curioso que alguien que se relaciona gracias a un sistema informático haga semejante confesión.

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Según Hawking los avances en este campo pueden poner en peligro la supervivencia de los seres humanos, si los sistemas artificiales llegan a superar en inteligencia a las personas.

“Los robots “podrían llegar a tomar el control y se podrían rediseñar a sí mismos” para desbancar a los humanos, ha dicho el físico en una entrevista con la cadena BBC.

En un entorno en el que se habla de forma intensiva de conectar todo a internet, no dejan de ser llamativas las declaraciones del físico. El internet de las cosas que hará que vivamos en smart cities generará ingentes cantidades de datos que necesitarán gestionarse de forma ágil con sistemas cada vez más inteligentes como bien explica Cisco en el siguiente vídeo.

¿Para que nos serviría al común de los mortales un desarrollo global de esta tecnología?. Para cosas como esta:

Ahora bien, más allá de las posibilidades, creo que en el 1998 ya me hablaron de que tendríamos la nevera conectada a la red y que automáticamente se auto abastecería. Me temo que la nuestra de momento no se conecta con el súper y hace la compra.

El marco teórico es claro: cuantos más objetos se conecten a internet, más información tendremos. Ese big data necesitará ser tratado por sistemas cada vez más inteligentes. No sé si mejorará nuestra existencia, pero si has visto Terminator a mí todo esto me recuerda a Skynet.

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¿Datos, Big Data o Meta Datos? II

Pero si hablamos de la revolución del big data, tenemos que ir un paso más allá. La verdadera riqueza está en la cantidad de información que recogen esos datos, los denominados metadatos. Cuando paso mi tarjeta de fidelización de mi supermercado habitual, la de FNAC, cuando hago una compra en un retailer on line o escucho Spotify, mis elecciones pasadas condicionan la respuesta de mis proveedores.

Proveedores que perfilan su oferta por mis elecciones pasadas. Cuando compré el CD de León Benavente en FNAC -sí, sigo comprando música-  y pasó mi tarjeta de fidelización, la compra de dicho CD quedó caracterizada por los datos que proporcioné hace años. No es que un individuo compre el CD de un grupo minoritario, sino que lo ha comprado Sergio, que tiene unas determinadas características sociodemográficas y unos hábitos determinados de compra.

Tarjeta Fnac

Estos datos pueden ser trabajados en real time en lo que se denomina marketing data driven o marketing guiado por datos. Ha dejado de ser exclusivo de los bancos, de Tesco o de Walmart. El gigante de la distribución española,  Mercadona,  ha invertido 126 millones de euros en su centro de cálculo en tiempo real. Minority Report parece, ahora sí, a la vuelta de la esquina.

Otro aspecto fundamental es el de la privacidad de los datos, pero eso puede dar para otra entrada en el blog.

En resumen, conocer a los consumidores hoy como ayer sigue resultando imprescindible. La ventaja es que hoy tenemos mucha más información sobre ellos. Como ayer, estos datos tienen que ser tratados con técnicas estadísticas multivariables y analizados por expertos que sepan extraer insights relevantes y accionables.

¿Datos, Big Data o Meta Datos? I

Es curioso esto del marketing y la comunicación: de repente se pone un concepto/”palabro” de moda y todo el mundo comienza a teorizar sobre el mismo. Desde hace un tiempo todos estamos preocupados por el término Big Data. El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) le dedica su tiempo en la excelente exposición Big Bang Data, que introduce al espectador con una frase que incita a la reflexión: “la producción de datos en volúmenes masivos es uno de los hechos fundamentales de nuestro tiempo”.

Recientemente, un informe de la consultora Accenture también se hacía eco del fenómeno pero desde la perspectiva de las industrias que hacen uso de esa información. Entre los resultados del estudio “Big Success With Big Data”, se destaca que, en el 94% de las empresas consultadas, el Big Data se había utilizado para identificar nuevas fuentes de ingresos y en el 89%, para desarrollar nuevos productos o servicios.

El 94% de las empresas utiliza el Big Data para identificar nuevas fuentes de ingresos y en el 89% para desarrollar nuevos productos o servicios.

Pero, ¿cuáles son los aspectos realmente relevantes? ¿ es un nuevo fenómeno o la evolución de algo ya existente?

  • La información es poder y, en el caso de las empresas, disponer de información sobre sus clientes es imprescindible para su supervivencia. Básicamente porque la regla de que captar un nuevo cliente resulta más caro que retener al que ya tienes continúa vigente.
  • El análisis de grandes cantidades de información no es un fenómeno nuevo. Hace unos años lo conocíamos por minería de datos o data mining. Mi primera experiencia en ese campo se remonta a una segmentación que realizamos para Retevisión. Empezaban a disponer de mucha información sobre sus usuarios residenciales. Necesitaban crear grupos homogéneos para poder hacer ofertas ajustadas a las necesidades de sus clientes y, en un siguiente estadio, querían poder asignar cualquier nuevo cliente en función de su consumo y su tipología de llamadas a uno de esos grupos.
  • El aspecto verdaderamente novedoso, en mi opinión, es el volumen de datos con el que podemos trabajar, por la cantidad de información que generamos y la huella que dejamos. Para muestra, el volumen de fotografías, vídeos, comentarios en redes sociales… que se generan con el nacimiento de un bebé.

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    El fenómeno implica la necesidad de guardar volúmenes ingentes de información que se almacenan en dispositivos o en la nube. El coste de su almacenaje ha descendido de forma notoria, propiciando la democratización del fenómeno (pensemos en cuántos “gigas” de información tenemos en casa, en mi caso algunos “teras“).

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    CCCB © Gunnar Knechtel Photography, 2014

    En este sentido, cobra relevancia la reducción del espacio necesario para almacenar la información. En la imagen se muestran las fotos subidas a Flickr en un período de 24 horas. Impresas ocupan una gran sala del CCCB, pero en formato digital las podemos tener en un pen-drive de pocos centímetros.