La Nueva Normalidad No Existe. Olvidamos fácilmente.

Parece que la desescalada por fin llegó a su fin. Hemos alcanzado la meta…, lo que muchos denominan nueva normalidad. Lo primero que me vino a la mente cuando escuché este “concepto” fue que cada vez somos menos originales. Recordé un libro que hace unos años era de cabecera entre los profesionales del marketing: The New Normal de Peter Hinssen. En él se hablaba de “nueva normalidad” ligado al mundo digital. Analogías aparte, no parece probable que este sea nuestro nuevo “modus videndi”.

Para una sociedad tan acostumbrada al contacto físico y visual como la nuestra, las restricciones se antojan complicadas de sostener durante mucho tiempo. Si a eso le unimos unas normas no demasiado claras sobre el uso de la mascarilla y la denominada distancia social… tenemos un panorama complejo.

Pongamos un ejemplo recuperando el BOE de la “Orden SND/422/2020, de 19 de mayo, por la que se regulan las condiciones para el uso obligatorio de mascarilla durante la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19″.

Artículo 3. Espacios en los que resulta obligatorio el uso de mascarilla.
El uso de mascarilla será obligatorio en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no sea posible mantener una distancia de seguridad interpersonal de al menos dos metros.

 

Siendo estrictos parece que los que vivimos en ciudades, especialmente en las grandes urbes, no podríamos quitarnos la mascarilla por las calles de la ciudad… pero esto queda a la elección del ciudadano y su percepción de lo que son dos metros.

El resultado de una norma poco clara es que cada uno hace lo que considera adecuado… y que a menudo dista de ser lo más indicado al predominar lo individual sobre lo colectivo. Es decir, hay que confiar en la responsabilidad de las personas para cumplir unas normas, por otro lado, como mínimo confusas. Hay que confiar en que las personas no hagan algo muy humano, que es olvidar los malos tragos para seguir adelante.

Quizás todo es más sencillo, pero supone pensar más en los demás, implica comprometerse y tomar partido. O lo que es lo mismo:

Hacer lo que se tiene que hacer

 

Hicimos lo que teníamos que hacer, fue la frase que utilizó Patrick Hutchinson para explicar porque él y unos compañeros sacaron a un presunto “supremacista” blanco que había quedado aislado en una manifestación contra el racismo en Reino Unido. Al parecer el individuo había ido con un grupo contra la manifestación y quedó rodeado por manifestantes que comenzaron a golpearle, Patrick y sus compañeros hicieron un cordón y lo sacaron como muestra la foto recogido por la BBC

Curioso también el poco eco que recibió en medios una acción tan solidaria… quizás es que no vende lo suficiente.

¿Cambiaremos?, ¿Llegará una nueva normalidad?

Hace semanas, se empezó a hablar de como seríamos cuando lográramos superar esta crisis.

Los sentimientos se desataron en un mundo donde la pirámide de Maslow de las sociedades occidentales había sufrido una sacudida sin precedentes. Palabras casi olvidadas se hicieron comunes:

Solidaridad, Empatía, Consideración…

De repente parecía que la humanidad se había vuelto más cívica. Que cuidábamos de nosotros y nuestros semejantes. Que aprendíamos unas nuevas normas impuestas por la situación y las acatábamos por el bien común.

Pronto se vio que no era cosa de todos. Casi con el anuncio del confinamiento aparecieron noticias de individuos de diversa índole y condición que hacían caso omiso a las normas instauradas. Si bien es cierto que la mayoría acatamos el confinamiento como la mejor manera para no colapsar el sistema sanitario.

Salvo excepciones ya comentadas, vivíamos una época única. La sociedad volcada, las empresas también habían entendido que era necesario ayudar a superar la situación por el bien común. Corporaciones que daban apoyo financiero, material, posponían pagos, etc o premiaban a sus trabajadores que seguían en las líneas de producción.

Los que no cambiaron su actitud fueron los políticos, los españoles más preocupados por sus propios intereses partidistas, mientras que en otros países la prioridad era más la salud económica que sanitaria. De nuevo la sociedad y las empresas estaban por delante de la clase política.

Cambiaron los héroes, el personal sanitario, pero también los servicios de limpieza, el personal de supermercados, o los transportistas se convirtieron en los nuevos héroes. Cada día a las 20:00 se sale a los balcones y ventanas a aplaudir a los sanitarios que estaban combatiendo la pandemia.

Pero también, las personas mayores cobraron un protagonismo inusitado. Por una parte, constituían las personas más vulnerables ante la enfermedad, por otra parte, la vuelta de muchos jubilados a puestos saturados como los sanitarios fue primordial para frenar la crisis.

Se compusieron canciones
Banksy les hizo un dibujo

La publicidad les rindió homenaje

Pero me temo, que pasará y lo  lo único que quedará será el pedir perdón. Porque ni manifiestos como #NoMeVoyAOlvidar harán que cambie la actitud de las personas.

Comparto la reflexión de Slavoj Žižek uno de los filósofos de referencia en Europa que acaba de publicar “Pandemia. La covid-19 estremece al mundo” en una de las numerosas entrevistas que ha dado decía:

“Hegel escribió que lo único que podemos aprender de la historia es que no aprendemos nada de la historia, así que dudo que la epidemia nos haga más sabios. Lo único que está claro es que el virus destruirá los cimientos de nuestras vidas, provocando no sólo una enorme cantidad de sufrimiento, sino un desastre económico posiblemente peor que la Gran Recesión. No habrá ningún regreso a la normalidad, la nueva normalidad tendrá que construirse sobre las ruinas de nuestras antiguas vidas (…) Tendremos que aprender a sobrellevar una vida mucho más frágil y comprender que no somos más que seres vivos entre otras formas de vida”.

Superar, parece que es sinónimo de olvidar. Tampoco creo que las numerosas marcas que han ayudado durante la crisis consigan un valor de marca superior, han sido tantas las iniciativas, que destacar resulta complicado e incluso contraproducente por parecer interesado.

Mi hipótesis es que pasado un tiempo, cuando el miedo a contraer la enfermedad se relaje gracias a los ingentes esfuerzos por conseguir un tratamiento eficaz o una vacuna… todo volverá a ser igual o muy parecido. La economía se recuperará con mayor rapidez que tras la crisis del 2008 y volveremos a un estadio “de bienestar”.

Los sanitarios e incluso el medio ambiente y nuestra incidencia sobre él quedarán en un segundo plano.

Esperemos que me equivoque.